Cuenta la leyenda que una gran luna sigilosa vio construir en una sola noche el Arco de Cabanes. Los pobladores de estas tierras, sorprendidos, lo descubrieron poderosamente erguido, al día siguiente, sin conocer su procedencia. Este monumento del Imperio Romano, del siglo II d.C., con la estructura de un arco triunfal, susurra, todavía, secretos que podemos sentir cerca de sus grandes bloques de piedra calcárea. Realizado con sillares de granito unidos sin argamasa, se conservan los pilares sobre los que apoya. Situado a 2 km de Cabanes y sobre la Vía Augusta, hoy Camí dels Romans, es una de las piezas más relevantes del patrimonio arqueológico valenciano.
¿A quién debes tu nombre? ¿A un antepasado, a un paraje natural, al cine? El Portal de Sitjar se lo debe al emplazamiento en el que se encuentra, pura magia: “Sitjar: lugar abundante en silos”. Antiguamente, la plaza constituía un silo subterráneo para custodiar las recaudaciones y recolecciones. Traspasas el portal y sientes el latido de la piedra que te cuenta su historia, huella del conjunto de murallas y reductos fortificados que protegieron, durante la Edad Media, a Cabanes. De los 4 grandes portales construidos en el siglo XIV y conservados hasta 1857 que daban acceso a la antigua alquería, el Portal de Sitjar, que comunica la plaza del Sitjar con la calle del Carmen, mantiene su lozanía y reclama firme nuestra mirada.
Los materiales inertes son, sin duda, el corazón de los siglos. La piedra, el hierro y la madera reflejan la esencia del antiguo Palacio de los Obispos de Tortosa que alberga, hoy,el Ayuntamiento. El exterior de este edificio del Gótico Valenciano construido en el siglo XV y ubicado en la plaza de la Iglesia, interpela nuestra atención con su arcada volcada sobre la calle San Mateo o su ventanal con arcos trilobulados. Bajo la arcada se encuentra la antigua cárcel de hombres y en el interior, la de mujeres. Este edificio, escenario de tantos siglos, ha sentido de cerca el bombardeo de la Guerra Civil al quedar parte de su fachada completamente derruida. Por fortuna, el esfuerzo de Cabanes le ha devuelto su original belleza e incluso, ha sacado a la luz detalles arquitectónicos ocultos durante siglos.
La sal es la única roca comestible por el ser humano y, en Cabanes es, además, una playa y una fortaleza. Torre La Sal es una gran vigía que comparte nombre con la playa y evoca las salinas de la zona. Cabanes cuenta desde finales del siglo XV y principios del XVI con cinco torres defensivas que formaron parte del entramado de torres de la costa valenciana. Su estructura es de planta cuadrada con 6,50 metros de ancho. Dispone de sillares en las esquinas y de mampostería irregular en el resto de la construcción. Estas torres, que jalonan hoy la costa, estaban construidas estratégicamente a lo largo del territorio y entre ellas se comunicaban mediante fuego y señales de humo para avisar de los ataques de los piratas.
Su nombre de origen árabe, “Al-balat”, significa “camino empedrado”. Bajo los pies del castillo encontramos su Iglesia-fortaleza, originariamente dentro de su recinto amurallado y que está dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. El conjunto está construido en mampostería, sillarejo y sillares para reforzar sus esquinas. Los cuerpos del ábside y la torre son añadidos posteriormente, el último probablemente en el siglo XVI, coincidiendo con el proceso de intensa construcción de torres en el litoral valenciano ante la amenaza pirata.
¡Viajar en el tiempo es, a veces, un sueño con piel de realidad! De origen musulmán, como revela el número mágico tres, posee: alcazaba, albarca y poblado. El castillo de Miravet fue conquistado por el Cid y más tarde perteneció a los dominios de Pedro I. Además de las torres y murallas de finalidad defensiva, destaca la buena conservación de los aljibes, las calles y las casas, así como los restos de la antigua iglesia dedicada a San Martín y San Bartolomé, en la que todavía pueden apreciarse los arranques de los arcos apuntados y de medio punto, así como el muro de la quibla con el mihrab en el centro que demuestra que antes de como iglesia fue utilizada como mezquita. ¡Imposible no transportarse a otra época cuando lo visitas!
La Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, del siglo XVIII, destaca por su colosal fachada barroca en la que encontramos una gran escultura del santo, patrón de la población, y obra del escultor Cristóbal Maurat i Marco, vecino de Cabanes. El interior, también barroco, de tres naves, con espacioso crucero y una gran cúpula, conforma el segundo templo más grande de la Diócesis Segorbe-Castellón. Tiene un robusto campanario donde está ubicada la campana más conocida como La Grossa, una pieza única y muy apreciada por los vecinos de Cabanes. En su interior alberga obras de los pintores castellonenses Traver Calçada y Gabriel Pastor Sanchis. Y están ubicadas las colecciones museísticas de la Parroquia y de la Mare de Déu de Les Santes, grandes atractivos culturales de Cabanes.
Se la conoce popularmente como la ermita de las santas Águeda y Lucía. La tradición cuenta que en este lugar, las santas se aparecieron a un ermitaño para encomendarle la construcción de una ermita. Las santas mártires comparten la titularidad con la patrona de Cabanes, la Mare de Déu del Bon Succés o Mare de Déu de les Santes. El ermitorio es un conjunto extenso y abigarrado de edificaciones que incluyen la ermita, la vivienda para el ermitaño y una espaciosa casa-hospedería. El interior es de una sola nave. En el lado derecho está la capilla de la Mare de Déu del Bon Succés, con su imagen. Los lugares de honor en el altar mayor del presbiterio están reservados para las imágenes de las santas Águeda y Lucía, de las que también se conservan unas reliquias.
Este poblado, descubierto en 1915, fue habitado entre hace 4000 y 2500 años, es decir, en los periodos de la Edad del Bronce y el Hierro Antiguo. La mayoría de las estancias del poblado estaban destinadas a almacén, y solo unas pocas eran viviendas o zona noble. Los objetos recuperados en el yacimiento muestran una gran vinculación comercial con los fenicios, de los que conseguían objetos metálicos de hierro, plomo y otras aleaciones, así como vino transportado en ánforas, un producto hasta el momento desconocido y rápidamente muy apreciado en la época. A unos 300 metros del poblado se localizan los restos de un sepulcro funerario que fue usado en el segundo milenio antes de Cristo para depositar los difuntos probablemente del poblado del Mortórum. Las excavaciones permitieron recuperar restos humanos de, al menos, cinco individuos, si bien pudieron ser bastantes más los depositados en ella. Es especialmente interesante ya que representa un tipo de enterramiento de tradición megalítica, único en la zona de Castellón y zonas limítrofes.
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